El sinsentido de sentir.

Huyo de ella que no soy yo pero que vive en mi, le temo a ella que está lejos de mi pero que camina tomada de mi mano. Le temo a su cercanía ¿qué sería de mi si se aleja? Ella llora porque río, ella ríe porque lloro, ella me miente en la cara y yo le creo, yo intento mentir pero es en vano, no se miente a quien se odia con tanto amor.

Ella cóncava, yo convexa, ella agua, yo aceite, ella vida, yo muerte, una muerte que es vida, porque es ella quien está ahora. Una trenza que se suelta, una mirada pintada, un beso sin sentido, brilla la vida que es muerte, brilla la estrella con luz artificial.

El sentido del sinsentido es lo que hace que se añore lo que todavía se tiene, lo que está tan lejos pero nos estrecha las manos, el eco en un espacio cerrado, una lámpara que alumbra de negro, ver brillar lo opaco en la oscuridad del brillo. El sinsentido es lo que hace que todo tenga sentido. Vivimos por sentir, morimos por no lograrlo. Vuela lejos un ave que sin alas aprendió a volar, ella presta las suyas a cambio de que le preste mi hombro para que se pueda posar… El sinsentido es lo que más sentido tiene en medio de un inmenso dolor rodeado de la más grande alegría.

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Uno + uno = nadie.

Ella se encontraba despierta en su anatomía, mientras su alma dormía y soñaba con lo que no se debe soñar. Presa de sus pensamientos, toma una copa de ginebra y la vacía casi de inmediato, toma un lapicero de tinta negra y sobre una hoja de cuadros comienza a convertir en letras su dolor.
Pensaba cada noche en como serian sus días a su lado, azulados sin duda alguna. La luna la observa, ella bebe otra copa de ginebra y tira a la basura su tercera hoja donde intenta plasmar el dolor de su adormecida alma. El azar la llevó a unos brazos que se volvieron intangibles como el viento que percibimos pero que no se deja tocar.

Mira el reloj, casi marca la hora maldita, la hora de los fantasmas. El tiempo: un fantasma, el amor: un fantasma, los besos: un fantasma, él: un fantasma. Casi que puede oír la canción que tantas veces los unió, casi que puede sentir su respiración, casi que puede sentir que él la siente. Percibe su olor, quedó impregnado en su recuerdo, el recuerdo de uno o de dos, pero de nadie más.

Solo para ella existió, así como existen los sueños en la niñez, el miedo en la juventud y la añoranza en la vejez, de la misma manera en que se entrega el alma por amor y se pierde el alma por él, así ella se entregó al amor de uno o dos, pero de nadie más.

Sexta hoja, ya no hay ginebra, su rostro se deja recorrer por las lágrimas, ya no hay tinta, ya no hay ni siquiera el resplandor de la luna, todo acaba así como su amor, el de uno o dos, pero de nadie más.

Las paredes enmudecen, su lámpara está cansada de alumbrar la oscuridad, su conciencia grita desgarrada, su cama intenta abrazarla y sus palabras la ahogan. Parece que a falta de todo, prefiere despertar su alma y apagar su anatomía. La tinta ahora corre por sus venas, dos poesías son su recuerdo, su almohada lo sabe todo y sin uno y sin dos, ella de nadie más fue.

¿Ser o parecer?

¿Ser o parecer? Es la pregunta que más me hago desde que decidí crecer. Conservo a la niña para mis momentos de creación, de soñar, de imaginar, de vivir fuera de mi pero ¡Pum! aparece la bendita realidad, en la que soy una joven independiente pero que tiene que cumplir con unas normas ridículas para agradar a los demás, esos mismos que no me dan ni para un confite. No, no y no, ¿acaso debe importarme? Este es un grito de desespero, del sinsabor que produce en mi la gente que hurga en tu vida como si fueras su mesita de noche o su botiquín, ¿y que además tengas que actuar de una manera “prudente” para que no te señalen? Vivir en procura de caerle bien a los demás es el manifiesto del suicidio, del auto flagelo y del desamor propio. Siempre le escribo al amor que se siente por el otro, hoy y en un grito de protesta le escribo al amor propio, al que sin  duda alguna nunca nos va a defraudar. Lo que Judas dice de Jesús, dice más de Judas que de Jesús, ahí se resume lo que quiero decir, sin embargo quiero seguir aprovechando este momento de euforia para seguir planteando mi punto de vista sobre este tema que me ha perseguido durante toda mi vida. nuestro estado de ánimo depende la mayor parte del tiempo de opiniones ajenas, que si hablan bien somos felices, que si hablan mal nos deprimimos. La lengua es un pequeño órgano del cuerpo, pero vaya como mueve grandes cosas, nos sube como palmeras o nos baja como cocos, de la lengua depende nuestras relaciones, nos va bien si la sabemos usar y muy mal si no (aplica para otros contextos) Ok, no me pude contener. Continuando con mi grito, y vaya grito liberador, aunque no me lo estén pidiendo les voy a dar una recomendación, hablar de las demás personas es el mayor síntoma de envidia, que a mi particularmente no me gusta despertarla ni sentirla. Ahora, si quiere hablar mal y más de la cuenta, hágalo y retuerzace de envidia, yo finalmente decidí romper la yuxtaposición en la que pensaba involucrar al ser y al parecer, porque decidí dejar a mi ser fluir, fluir como el viento, como las aves en su vuelo, como los versos de un enamorado, como fluyen las lenguas llenas de veneno para hablar de la paja en el ojo ajeno. ¿Quién asegura que  caperucita era una niña inocente? si no hemos escuchado al lobo contar su versión. Conocemos nuestro punto de vista y por ello juzgamos, ¿por qué no nos ponemos en los zapatos del lobo y miramos por qué hizo lo que hizo? Mejor aún, no nos pongamos en los zapatos de nadie y dejemos que la gente sea, finalmente los recibos, la cuota de la casa y el mercado, no se lo paga usted a nadie más que a usted mismo. Siempre escribo con una frecuencia cardiaca extra cotidiana, pero hoy el ritmo de mi corazón parece que estuviera escuchando un vallenato de esos que cantó Diomedes, porque va más puyao de lo extra cotidiano. Me quiero, me amo, me respeto, me cuido y me importa un comino lo que los demás piensen de mi, eso escribiré al frente de mi cama para repetirlo todas las mañanas y entender que a la única persona que tengo que caerle bien es a mi misma. Defenderé mi filosofía a capa y espada, porque me quiero, me amo, me respeto, me cuido y me importa un comino lo que los demás piensen de mi. Bueno, ya dormiré porque mañana madrugo y al que esté leyendo esto, que vaya a freír espárragos.

El coloquio de zorros debe callar con los gritos del más allá.

Yo no tengo la verdad, no se qué es la verdad y no me interesa decirles la verdad. Soy sólo una historia, una historia que espera impacientemente un final. Ahí estaba yo, bajo la víspera matutina, el sol radiante, el cielo azul, las nubes como algodones le servían de techo a las golondrinas que escapaban de la tormenta que yo no veía, pero que ellas ya sabían que se aproximaba. Cavaba muy hondo, la tierra estaba dura, sin embargo al poco tiempo de empezar bajo ese sol radiante, empezó a oscurecer y lo que parecía una lluvia inesperada de verano, se convirtió en la tormenta más fuerte que mis ojos jamás hayan visto. Lo bueno es que ablandó la tierra, esa tierra que cavaba tan pacientemente, y como no hacerlo.

Me acompañaban ellos dos, él papá de María y el hijo de Herlinda, -No soy capaz- decía con la voz entrecortada el papá de María -¿no quiere ver a su hija?- le preguntaba el hijo de Herlinda, -Doña Herlinda no se pondría contenta sabiendo la razón por la cual la puede ir a ver, -mi mamá no tiene por qué saberlo, respondía el que parecía ser un hombre al que no le corría sangre por las venas. Seguía cavando, mi cuerpo desnudo empezó a sentir mucho frío, ellos al verme tiritando y cansado de tanto cavar, me prestaron aquél uniforme, un uniforme que no me quise poner. -Que aguante frío entonces, -póngaselo- me decía el papá de María. ¿Para qué? El frío era de las cosas menos importantes que se pasaban por mi cabeza. Mi hijo, mi esposa, mis padres y hermanos, ellos sí me dolían.

Lo que pensé que iba ser un día más de aquellos días donde me levantaba a recoger café para darle de comer a mi familia, se convirtió en una pesadilla de la que aún no despierto. Si, ahí me encontraba yo cavando mi propia tumba. Estaba arrodillado de espaldas, terminado de cavar cuando de repente ¡PUM! Recibí el más doloroso pero esperado disparo.

No recuerdo mucho, sólo que entre los dos vestían mi cuerpo agonizante con ese uniforme y pintaron mi cara, luego me tiraron ahí, yo seguía vivo, pero mi aliento se fue haciendo cada vez más débil, ya no podía respirar a causa de la tierra que había sido la salvación de nuestra familia, y que ahora presionaba mi cuerpo y me impedía respirar. Desperté en este lugar, no se qué es, no se qué ha pasado con mi familia, no se sí han pasado años, meses, días o minutos, no se ni siquiera que hago aquí.

Hoy caminando por la nada, por la oscuridad, por lo que no se qué es, pero es, me encontré con don Juan, el señor que nos dejaba la leche todas las mañanas, también me he encontrado con gente muy gentil, vecinos de la finca donde vivía, pero a causa de nuestras largas jornadas de trabajo y poco tiempo para descansar, no conocía. Ellos llevan un poco más de tiempo aquí, ellos también están
aquí por la misma razón, al principio pedían a gritos salir, hoy parecen resignados, así nos toca a nosotros los campesinos que fuimos el pase de los permisos para ellos y que nos encontramos aquí sin poder pedir ayuda, no hay quién nos escuche y allá donde están ustedes, no hay quién los escuche, no hay quién escuche a nuestras familias.

Mi hijo se quedó sin un padre, la esposa de don Juan que a duras penas camina, se quedó sin el hombre que era su única compañía, y cualquier cantidad de niños, padres y esposos, se quedaron sin un integrante de su familia, mientras los culpables de que nosotros estemos aquí, están viajando por el mundo, disfrutando con mucho dinero en el bolsillo, o en Colombia en cualquier ranchito que ocupa gran parte de la tierra que debería ser de la patria, tomándose el mejor aguardiente de la zona. Los vi muchas veces reunidos, en lo que no era más que un coloquio de Zorros, Unidos por la misma causa, acabar con el pueblo para quedarse con él, todos cortados con la misma tijera y lo más doloroso es que yo colaboré para poner en el poder al culpable de mi muerte.

Ese soy yo, una historia con familia, sentimientos, una vida por vivir y que acabó antes, soy un padre, un hijo, un esposo, un amigo que no está allá, que está acá pidiendo que recapacitemos, que no se repita mi historia y la de estas personas que he conocido aquí, para que mi familia, para que mi gente tenga un mejor futuro. Ojalá ellos allá se den cuenta que los culpables son esos mismos que disfrazados de ovejas, son capaces de vender a toda una patria para poder comprar avioncitos y tener trescientos duendecillos para cuidar su rebaño. Aquí acaban las letras, pero la historia continúa y pido a gritos que me oigan, que recuerden que es falso que lobos vestidos de ovejas, hagan algo que para el país resulte positivo.

Ausencia Sentimental.

Valledupar, Tierra de Cantores, donde se escuchan los acordeones reír y llorar. No me cabe la menor duda que los arco iris nacen frente a Valledupar, que Jaime Molina desde el cielo los pinta con una cruz de fondo, y que junto a él, se encuentra Escalona, y con aquel acordeón que toca Francisco el hombre, viven Parrandas Inolvidables. Ellos saben que sólo cantando se alimenta una ilusión.

La brisa de la tarde duerme en las hojas que adornan los árboles de las aguas puras del Rio Guatapurí, bajo un Paisaje de Sol y donde el vallenato es al oído, lo que la poesía al amor. Donde la alegría es oír mil acordeones en la hermosa y grande tierra mía. La historia Sentimental de cada uno de los vallenatos, hacen que no tenga que adornar este escrito, con palabras retóricas, que no son más que eso, un simple decorado.

Las mujeres: amañadoras, querendonas, parranderas, amoreras, así son las mujeres de Valledupar. Algunas como la Luna Sanjuanera, dejando una Honda Herida, otras como la Mujer Conforme, que espera que el marido venda su carga y regrese junto con sus hijitos. Las románticas, que enseñan a querer como quiere un provinciano, enseñan a besar, como besa un vallenato, enseñan a hacer el amor en una Noche sin Luceros y bajo la luna parrandera. Las que escriben un vallenato en páginas lindas, en Páginas de Oro. Las que eternizan los Momentos de Amor y ofrecen un Relicario de Besos, como la más grande prueba de cariño y pasión. No falta La Resentida que se da mala vida porque su amor le presta su cariño por un ratico a un amor pasajero. Y por supuesto, la elegante que todos admiran y que gracias a su caminar, la Sabana sonríe.

Al pensamiento de los poetas vallenatos, llega una bella melodía en cualquier momento y nosotros,
bailando ese son poético, sudamos la gota fría. Gracias por cantarle alegre a la Sabana, esa misma que ya tiene su Diosa Coronada, porque sus letras han llegado a todos los lugares de la tierra, Sin Medir Distancia; porque El Testamento del vallenato está escrito en versos, dejando una Casa en el Aire, donde La Creciente espanta a La Golondrina y donde se esconde La Historia de dos enamorados, que en un Palo e’ Mango, plasmaron sus iniciales.

¡El vallenato es la más pura poesía!

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Experimentar: un enemigo exquisito.

A los veinte no se descubre el amor, sino las ganas locas de descubrirlo. Nos debatimos entre el contemporáneo que ofrece tomarnos de la mano, invitarnos a cine, comernos un helado, y ese otro, el que te ofrece la mirada y la exquisitez de la experiencia, ese que ha vivido el doble que tú, sí, porque a los veinte lo que más gastado está, es lo que más novedoso parece. Miradas que cruzan la anatomía de miles de personas y llegan a ti como dardos, clavándose directamente en el alma. Poner su experiencia con la nuestra en una balanza, es correr el más oscuro y exquisito peligro, sus brazos son peligro, su mirada es peligro, ustedes representan el peligro de la más deliciosa sensación de protección. A los veinte, la experiencia ajena nos ciega, nos excita, estremece nuestro cuerpo de principio a fin, aunque nuestro cuerpo pensando en ustedes, no tiene final, se vuelve liviano e interminable. Ustedes logran perturbar el alma, porque son los niños con la mayor cantidad de experiencias vividas, porque controlan eso que a los veinte salta a simple vista. Cariño, amor, deseo, todo eso que queremos experimentar y que para ustedes es más cotidiano que dormir y comer. Lo que es para ustedes insípido, para nosotras, es más fuerte que un trago de Ginebra, más dulce que la miel, más salado que el agua del mar. ¿Qué se debe hacer? ¿Ir a cine tomados de la mano y luego cruzar los brazos para probar el sabor del helado del novio de escuela? ó ¿pasear por la clandestinidad rodeados de miradas que sospechan, y experimentar el agridulce sabor de la ilusión no correspondida y de las ganas de vivir lo que ya sus vidas ven con ojos de cotidianidad? No hay que detenerse mucho a pensar, sabemos que lo que queremos es estrellarnos y nos damos por bien servidas si salimos vivas de la boca del cocodrilo. Son básicos y nosotras románticas y evidentes, ¿qué importa? A fin de cuentas, lo que necesitamos, es tomar un poco de su experiencia y sufrir para obtener la nuestra. ¿Se descubre el amor en una tarde romántica o en una noche que termina con un desayuno llevado a la cama? La respuesta la tiene la experiencia. A los veinte, ustedes cuarentones, se convierten en el ideal vivido y jamás materializado, es contradictorio, pero así es el amor puesto en el plano más real, que la utopía jamás haya visto.

Amar: la tragedia más cómica.

Devoro con tanta pasión al amor, que término por hastiarme. Mi desayuno perfecto: un beso de tu boca, y antes de dormir, saciarme con tu anatomía. ¿Eres tú mi mejor alimento? No, ni siquiera debo desearte, no debo encender el fuego para cocinar un amor que no tiene ingredientes, ya no quiero llenarme de ti. No se llena el alma con mentiras, con deshonestidad, con deslealtad, todo eso, es producto del agua que apaga la llama, que a veces parece desfasada, sin embargo, siempre llega a tiempo. De este “amor” sólo quedan adjetivos peyorativos, nunca hubo verbo, nunca hubo amor. Nuestra relación es como un cigarro, mientras está encendido se disfruta, pero es poco lo que dura y mucho el daño que causa. Se apaga con cada gota de lluvia, que no son más que la encarnación de mis lágrimas, al darme cuenta que cada gota de sudor que se desliza por nuestro cuerpo cuando nos entregamos, no es más que una muestra de lo efímero y superfluo, de eso que dura lo que un suspiro, de ese sentimiento que se posa en mi alma solo para generar tormentas. Mi sentimiento anacrónico y existencial, es para ti una comedia. Mi drama es tu comedia querido. ¿Has leído a Moliere, Aristófanes, Wilde? Todos ellos le ponen un punto final a sus historias. Disfruta, sin embargo recuerda que ésta también termina. Se puede escribir de ella mas capítulos que los que le escribieron a Dorian, pero finalmente el cuchillo se clavó en el retrato y mató al protagonista, ¿sabías que el protagonista mata a su verdugo antes de morir? Ambos mueren y se acaba la historia. Aunque esta vez mi realidad no superó a la literatura, se asemeja, pero en esta quizá sólo muere el verdugo, o quizás el protagonista, pero no los dos, ni me matas ni te mato, es eso que no existe lo que termina por asfixiar a alguno de nosotros. Eres el preludio de la perfección y el desenlace de lo equívoco, de lo que nunca debe pasar, de esa línea que no se debe cruzar. Me lleno con poco, en lo poco me hastío, ya no espero mucho, sólo el final, no importa si es de un cuento de hadas o sacado de la mas sangrienta historia de terror. Somos el espectro del amor, la sutileza del dolor, la sombra de la utopía, somos la nada que se crea después de una conversación sin palabras. Soy todo lo contrario a lo que estás acostumbrado, eres mi ideal malogrado, soy la sensibilidad que doma a tu animal, eres la fuerza oscura que alumbra mi camino, soy lo que no debes querer, soy lo que quieres. Eres dolor, soy masoquismo, eres la luna que acompaña mis noches de insomnio, eres un rostro, soy una lágrima, si, tu verdugo soy. ¿Sabes que es lo peor? Que prefiero seguir añadiendo letras y más letras a este escrito, para eternizar el final. Para ver si entre tanto, decides tú, ser el dramaturgo de esta historia de amor, si, de la misma que no existe, ni existirá. Mis ganas de amar, me dicen que estoy a tiempo de clavarle el cuchillo a eso que pasó y no ha pasado, que lo vivimos y nunca nació, de clavarle el cuchillo a esas madrugadas que nunca vi llegar tomada de tu mano, a esas canciones que nunca bailamos, a esas ganas de vivir contigo lo que tanto soñé. Me dicen, que es momento de dejar marchitar esa rosa que nunca floreció, sin embargo, esas mismas ganas de amar, lo único que me ofrecen son puntos suspensivos, mientras la nada termina por aniquilar lo que para mi, se volvió un todo…