La noche.

La manera mas exquisita para desnudarme son mis letras, mis letras que son tuyas. Una noche que me eligió para hacerle compañía, me habla de ti, de tus ojos, de tu boca, de tu respiración, de tus besos que duelen con la sutileza del amor reprimido, al menos el mio. Me habla de tu mirada, de tu cama, de tu compañía y de una pared interpuesta. Del contraste, del blanco y del negro, de la intranquilidad y la paz, del amor y la guerra, habla de ti y de mi.

Ella, va a ritmo de tango y sobre su luna ruedan lágrimas en forma de estrellas fugaces, me cuenta de sonidos, de letras, de retratos. Intento despedirme pero no me deja ir, ella necesita de mi compañía y yo sin suponerlo con antelación, también necesito la de ella. Ella va lento, yo iba de prisa, ella me detuvo para acompañarla en su camino, insiste en hablarme de ti y es justo ahí cuando intento correr, ella suavemente me detiene.

La asimilo, me asimilo… te asimilo. Hace mucho ella me despertaba pero nunca estaba para ella, le huía quizá porque le tenía miedo, ella ya antes me había hecho enfrentarme a mi misma y seguramente no quería reencontrarme con esa mujer conflictuada y echada a menos, ahora entiendo que solo un ser malogrado puede amarte. Después de minutos, se van acabando las letras, ella ya está a punto de marcharse y yo, que antes le huía, estoy a punto de llorar por su partida, pues ahora ¿quién me escucha? porque el día me puede hablar de ti pero nunca lo hará con la calma que la noche lo hace.

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